lunes, 15 de noviembre de 2010

Nos han acostumbrado a pensar que es cierta la ley de causa y efecto. Claro que así hay una explicación para todo y tras una cosa sigue la otra. Menos cuando la realidad se salta nuestras arbitrarias normas y al 2 le sigue el 4 o a la b la f… Porque las cosas, en nuestra vida, no funcionan en línea recta ni siguiendo leyes inevitables. Porque a veces las cosas se tuercen, aparecen imprevistos y dos más dos son cuatro y sus circunstancias.

Es menos predecible y estamos más en riesgo.

¡pero menos mal! Porque lo contrario es lo más cercano a estar pre-determinado. Y prefiero arriesgarme un poco a no poder ni elegir, porque prefiero aceptar que hay un riesgo en todo a no poder elegir, porque prefiero que tras un suceso y una decisión se abra un interrogante… creo que me gusta el riesgo…

martes, 2 de noviembre de 2010


SER COMPASIVO CON UNO MISMO

Hoy quiero defender la capacidad y necesidad de perdonarse a sí mismo. Hablamos mucho de auto-estima, auto-transcendencia, auto-actualización…. Hoy quiero sugerir la AUTO-COMPASIÓN.

Porque en la raíz de muchos de nuestros malestares está el ser inflexibles con nosotros mismos y no ser capaces de perdonarnos. Porque aún seguimos creyendo que somos omnipotentes y podemos conseguir todo lo que deseamos. Porque no nos tratamos con misericordia. No me suele gustar hacer referencias el origen de las palabras, pero en este caso voy a hacer una excepción: encontramos el origen de la palabra misericordia en el “miseri cor da”, da tu corazón al miserable, vuélcate con el que es necesitado. La misericordia se suele entender dirigida a los demás. Pero es fundamental que sepamos descubrir y vivir la capacidad de volver nuestro corazón hacia nosotros mismos, darnos permiso para sentir la compasión ante nuestra realidad.

Perdonarse tiene que ver con nuestra capacidad de asumir nuestros propios errores y nuestras limitaciones. Nunca se va a perdonar aquel que cree que lo puede conseguir todo, porque un fracaso le supondrá un encontronazo con la imagen que tiene de sí mismo. La capacidad de perdonarnos tiene mucho que ver con no ser tan egocéntricos que nos creamos omnipotentes. La mayoría de las veces, poco o nada podemos para cambiar una situación y no podemos tener la clave para resolver todos los conflictos. No se va a perdonar quien está envuelto en un halo de invulnerabilidad, porque el destrozo a su propia imagen le supone más daño que vivir con la propia culpa. Perdonarse tiene que ver con aceptar que a veces no puedo hacer nada, por el motivo que sea, que las cosas y circunstancias me superan muchas veces. Me siento culpable –lo diametralmente opuesto a perdonarse- cuando creo que no he hecho lo suficiente para cambiar una situación o solucionar un conflicto. Pero si somos capaces de reconocer nuestras limitaciones, pronto comprenderemos que no podíamos hacer nada, al menos en ese momento, y que lo único que resta es ser compasivos con nosotros mismos y aprender de la situación. Yo no puedo hacer nada para evitar, por ejemplo, que un asesino dispare contra alguien o que me violentaran. Creer que podíamos hacer algo en esas u otras circunstancias es una forma de castigarnos a nosotros mismos con la culpabilidad. Pero es más agradable pensar que lo podemos todo que encontrarnos con nuestros propios límites

Frente a ello, hemos de ser compasivos con nosotros mismos, auto-compasivos, hemos de volver el corazón hacia nosotros y reconocer que no podíamos hacer nada para evitar vivir situaciones poco agradables o sucesos que no dependían de nuestra voluntad. Necesitamos humildad para reconocer que somos limitados.

Me perdono a mí mismo cuando me amo incondicionalmente, más allá de mis aptitudes y limitaciones; cuando no nos hemos vuelto con el corazón hacia nosotros mismos, nos subvaloramos y autoflagelarmos, aumentando nuestra sensación de inseguridad. Somos capaces de ser los más duros con nosotros mismos y así no hay quien mantenga a flota la autoestima. Una forma de hacernos daño es alimentar los propios errores dándoles vuelta en la memoria, volviendo a ellos una y otra vez y no dejando que pasen a ocupar el lugar en el pasado que les debe corresponder. Por eso tenemos la sensación de que se han cerrado todas las puertas, de que no hay salida. Vivimos encerrados en nosotros mismos y nuestros problemas, en nuestra falta de capacidades y olvidamos nuestra capacidad de aceptarnos serenamente.

Perdonarse tiene mucho que ver con conocerse a sí mismo. Cuando nos conocemos, sabemos cuales son nuestras capacidades y nuestras limitaciones y aprendemos a convivir con ellas. Quien no se conoce a sí mismo vive como extraño y ajeno todo lo que le ocurre, no encuentra una explicación a lo que le sucede. Sin embargo, si sabemos cómo somos, todo lo que hacemos o dejamos puede tener sentido a partir de lo que conocemos de nosotros mismos. Tener la capacidad de perdonarse a sí mismo no significa que todo lo que encontramos en nosotros nos guste; la posibilidad de cambio está siempre abierta, pero la transformación no se va a producir si primero no estoy en paz conmigo mismo. Y para eso es fundamental saber perdonarse, saber aceptar que hay partes de nosotros que necesitan mejorar, pero que son lo que tenemos y con ello tenemos que vivir. Perdonarse abre a la posibilidad del cambio. No tener compasión con uno mismo nos hace entrar en la espiral de la culpa, que nos empequeñece y nos lleva –porque somos una unidad- a ser más proclives a las enfermedades, la amargura y la tristeza.

APRENDER A PERDONARSE

Como todo en la vida, la autocompasión es un aprendizaje. En ese camino, encontramos cuatro peldaños:

1. Asumir nuestras limitaciones personales y nuestra responsabilidad. Sólo somos responsables de aquello en lo que podemos influir. Lo que no está a nuestro alcance, no es asunto nuestro. Aunque está claro que lo primero que debemos hacer es delimitar lo que son nuestras responsabilidades y saber aceptar que no todo es competencia nuestra. Por eso el perdón hacia uno mismo es el duelo hacia nuestra sensación de omnipotencia: tenemos que renunciar a creer que lo podemos todo. Y como todo duelo, es un proceso doloroso. Es más sencillo buscar fuera la culpa y la responsabilidad, es más sencillo seguir creyendo que somos pequeños supermanes o superwoman y que son los demás los que nos ponen impedimentos. Aceptar nuestras limitaciones duele… pero sana.

2. Reconocer el error que hemos cometido. No es tan fácil como parece, porque a menudo rechazamos esta parte de nosotros mismos e intentamos desviar balones para no asumir los fallos. Algunas personas se creen tan perfectas que no pueden cometer errores y nunca los van a aceptar; por otra parte, en el lado contrario, están las personas que sienten que todo es por su culpa y se hacen responsables de todo lo que ocurre, aunque no hayan intervenido. Hay que encontrar el punto de verdad en todo: ni soy perfecto ni soy un desastre, cuento con mis capacidades y como también tengo limitaciones, a veces cometo errores. Y no pasa nada por equivocarse, salvo que decida quedarme en eses sentimiento y no avance. Equivocarse es normal, forma parte de nuestra vida. El error es la doble cara de los aciertos. Reconocerlo es permitirnos seguir adelante.

3. Rectificación interna. Volver el corazón a nosotros mismos y cicatrizar las heridas. El perdón es siempre una decisión del corazón, tanto si es hacia nosotros mismos como hacia los demás. Decide mirarte con ojos de compasión, verte tal como eres, no tal como te gustaría ser o haber sido. Mira hacia ti con cariño y descubre qué es lo que ocurrió; seguramente te darás cuenta de que no podías hacer nada para evitarlo, aunque te duela sentir la impotencia.

4. Superación. Porque el perdón mira más al futuro que al pasado. No puedes cambiar lo que ha pasado, no hay vuelta atrás. Pero puedes mirar hacia adelante. Mira tu pasado con compasión y cariño, acepta que las cosas han ocurrido, pero que se han quedado ahí. Acepta que los errores forman parte del avance. Pon un poco de bálsamo que alivie el dolor y decide seguir adelante. Si el perdón es una decisión del corazón, seguir adelante lo es también. Mira hacia atrás, pero no para lamentarte, sino para reconocer que las cosas respondían a unas circunstancias determinadas. Se contigo igual de paciente y comprensivo que lo serías con tu mejor amigo. La pregunta ahora no es por qué ha ocurrido o si podía haber hecho algo para evitarlo. sino qué puedo hacer con ello y cómo puedo seguir adelante a pesar de ello manteniendo la paz conmigo mismo. Para ello, es bueno que aprendas a distanciarte de ti mismo y de las circunstancias. Ayuda mucho ver las cosas desde fuera, como un observador. Cuando conseguimos distanciarnos lo suficiente, somos capaces de ver las cosas de un modo diferente.

CUANDO ME PERDONO

Cuando somos capaces de perdonarnos, todo en nosotros mejora:

- vivimos con salud, porque el sentimiento de culpa rompe nuestras defensas y nos hace sentir y ser vulnerables;

- nos sentimos mejor con nosotros mismos, tenemos una imagen positiva sobre nosotros y estamos seguros ante los demás;

- somos más capaces de creer en nosotros mismos,

- paz interna

- armonía

- irradiar alegría.

Todo perdón supone una cierta conclusión: acabo con algo y empiezo a caminar de una forma diferente. Es una decisión de seguir en marcha, que nos permite avanzar sabiendo que podemos equivocarnos…. Ya lo decía Séneca: errar es humano.



martes, 24 de agosto de 2010

profesional+madre

Hay algo que no entiendo en los anuncios que últimamente se están viendo y que muestran a profesionales que recomiendan el producto a vender "como profesional (bióloga, pediatra...) y como madre". Algo me chirría. ¿es necesario que se unan los dos roles? supongo que sólo en la mente del que crea el anuncio o en la de los que uno de los dos, ser profesional o ser madre, no les parece suficiente.
Creo que ser una de las dos es suficiente argumento para "recomendar" un producto.
Creo que la mujer ha luchado mucho por ser valorada en el trabajo (la lucha no ha terminado) y volver a unirlo a la maternidad me suena a retroceso.
Claro que... si se vende más...

domingo, 23 de mayo de 2010

DES-VELADAS

Vaya polémica con el velo de las mujeres. Está todo el mundo empeñado en des-velarlas; parece que molesta un signo religioso.
Hablo de las mujeres que deciden libremente llevar el velo siguiendo sus creencias religiosas. Las que son obligadas merecen un comentario aparte. No hay derecho alguno que resista semejante intrusión en la libertad. Pero sabemos que hay mujeres que deciden llevarlo por fidelidad a su sentimiento religioso.
¿Por qué se empeñan muchos en que no lo lleven? Seguramente desde nuestra cultura no lo podemos entender y. ciegos, nos negamos a intentar comprender los motivos que les llevan a tomar esa determinación.
Admiro su valentía, más cuando todo el mundo las señala con el dedo y las aparta. No entender lleva a despreciar. Así somos.
Creo en la libertad de cualquier persona para vestir como quiera y creer en el dios que crea; creo en la libertad para manifestar externamente las convicciones, de todos modos, no está tan lejos de nuestras monjas con hábito y los sacerdotes con alzacuellos (por no hablar de las sotanas que a veces aún se ven).
Da la sensación de que para los nuestros sí vale y para los demás no. Que unos pueden pregonar y vestir según su religión les indica y otros no. ¿Aún seguimos creyendo que la nuestra es la única verdadera?
¿o nos sentimos amenazados?

lunes, 19 de abril de 2010

Los nuevos conquistadores

Ahora los que quieren conquistar no van vestidos con armaduras ni usan espadas y lanzas. Van acompañados de cámaras de televisión y viven supuestamente "perdidos en la tribu". Porque el objetivo es simplemente que les acepten como parte de la tribu, vivir como ellos,... pero con el objetivo de terminar con el codiciado título: soy de la tribu. Unas familias jugando a "vestirse de", haciendo como que viven como ellos, pero con la seguridad y certeza de que ellos no forman parte del grupo porque pasado el tiempo y acabado el concurso ellos van a volver a su vida "civilizada".
Ayer sentí vergüenza y rabia al ver el programa con esta trama en la televisión -la democracia familiar televisiva lo impuso- y sentir cómo los indígenas se sentían engañados, tristes, con un llanto que clamaba al cielo y una pregunta repetida en las tres tribus: "Si ya eres uno de nosotros, ¿por qué te marchas?".
Pobres, no saben que era un concurso, que el objetivo era el premio y que, una vez más, hemos demostrado nuestra capacidad de conquistar, esta vez con la sutil técnica de entrar a formar parte del grupo para luego dejarlo al descubierto.
Cosas de la tele. ¿La nueva conquistadora?

sábado, 3 de abril de 2010

Pederastas celestiales

No hay palabras que consuelen a quien ha sufrido el abuso por parte de alguien que se supone debía quererte, enseñarte y respetarte. No hay palabras que calmen el dolor de la incomprensión. No hay nada que sirva de alivio al sentimiento de estar roto por dentro cuando alguien te ha invadido en lo más personal. Las consecuencias resuenan a largo plazo y afectan casi a toda la vida. Es difícil de eliminar del todo.
Y no es cuestión de reconocer que existe y hay que hacer algo, señor papa católico, no es sólo cuestión de eso, sino de comprender el daño que se ha hecho. Que usted pida perdón está bien... que cada uno de los sacerdotes que han abusado de la inocencia pida perdón a sus víctimas, eso estaría mejor. Y, por supuesto, que atiendan su deuda con la justicia.
Porque nadie tiene derecho a abusar ni siquiera de la confianza. Y cuando uno de los sacerdotes o religiosos usa su influencia y poder para amedrentar y callar a sus víctimas, está abusando de confianza y de autoridad y hace sucumbir en el silencio la mayoría de sus devaneos. Ante ello, ahora más que nunca hay que escuchar a las víctimas, sus historias, sus miedos, sus angustias, sus dudas, su fe puesta en entredicho por el malhacer de unos malnacidos. Porque la confianza depositada merecía un respeto y no se ha respetado ni el cuerpo, ese cuerpo sagrado que somos, "templo del espíritu santo" (Pablo a los Corintios). Un templo profanado por manos y mentes sólo dignas de los latigazos de Jesús contra los mercaderes del templo, profanadores en otro sentido de lo sagrado.
No es momento de excusas, sino de limpieza; no entonen el "mea culpa", busquen a los culpables. Limpien la cesta de manzanas estropeadas. No nos sirven. Se las pueden quedar. Hagan con ellas lo que quieran.
Han perdido la oportunidad de demostrar al mundo que son valientes y coherentes. Que el dios del amor que predican sabe amar, no como esos infames a los que ustedes han protegido. Se les llena la boca de condenas... ¡pero nunca hacia los suyos! Esos que han abusado de su poder para invadir y callar la boca. Ningún niño ni niña va a decir nada contra el representante de dios todopoderoso. Dios nos libre de ello. Pero cuando el silencio se ha roto y alguien ha tenido la osadía de hablar... se han oído voces en todo el mundo y en cada país... esas voces que les piden acciones y no palabras. Su dios debe estar molesto, recuerden que es el mismo que destruyó Sodoma por algo parecido. Que no le gustan estas cosas. Que es un dios amor de otra manera, al menos eso quiero creer. No es de justicia que ustedes se hagan las víctimas de un movimiento internacional... recuerden que no son víctimas, sino verdugos. ¡Qué capacidad de trastocar la realidad!
El rastro que queda tras un episodio de abuso dura mucho tiempo. ¿Sabe usted, señor obispo de Roma, que la mayoría deja dormido en el recuerdo este suceso hasta que a edad madura lo puede afrontar? ¡Tanto duele! Y que se pueden ver las huellas del abuso en muchas de las acciones y decisiones posteriores. Miedo. Vergüenza. Asco. Pérdida de fe. Culpa (injusta, pero lacerante). Sensación de impotencia. Debilidad. Desconfianza hacia los demás. Falta de autoestima. Descontrol en la sensación de humana completud (algo se ha roto en los límites y queda en el aire la persona). Pero lo más hiriente es el silencio. Ojalá ahora se rompa; tienen ustedes la oportunidad de dar la palabra a los heridos.
Pero ustedes sigan con su parafernalia, con sus rezos y sus misas LP, con su huerto de manzanas con falta de podar.
Escuchen por lo menos a los que lo han padecido. ¿Ya ha tenido una reunión con las víctimas para escuchar sus problemas? ¿Saben ustedes cómo se sienten?
¿A qué esperan? Lo único que nos queda es nuestra voz.

La soledad del corredor de fondo

Nunca entendí muy bien eso de la soledad del corredor de fondo; mis aficiones deportivas no dan para tanto. Pero he de reconocer que ahora estoy viviendo algo parecido, en esta carrera hacia un sitio que no conozco y con el sentimiento invasivo de la soledad en cada poro y cada célula.
Supongo que es el tributo por haber decidido correr en solitario. Que los deportistas me perdonen si no es así.