domingo, 23 de mayo de 2010

DES-VELADAS

Vaya polémica con el velo de las mujeres. Está todo el mundo empeñado en des-velarlas; parece que molesta un signo religioso.
Hablo de las mujeres que deciden libremente llevar el velo siguiendo sus creencias religiosas. Las que son obligadas merecen un comentario aparte. No hay derecho alguno que resista semejante intrusión en la libertad. Pero sabemos que hay mujeres que deciden llevarlo por fidelidad a su sentimiento religioso.
¿Por qué se empeñan muchos en que no lo lleven? Seguramente desde nuestra cultura no lo podemos entender y. ciegos, nos negamos a intentar comprender los motivos que les llevan a tomar esa determinación.
Admiro su valentía, más cuando todo el mundo las señala con el dedo y las aparta. No entender lleva a despreciar. Así somos.
Creo en la libertad de cualquier persona para vestir como quiera y creer en el dios que crea; creo en la libertad para manifestar externamente las convicciones, de todos modos, no está tan lejos de nuestras monjas con hábito y los sacerdotes con alzacuellos (por no hablar de las sotanas que a veces aún se ven).
Da la sensación de que para los nuestros sí vale y para los demás no. Que unos pueden pregonar y vestir según su religión les indica y otros no. ¿Aún seguimos creyendo que la nuestra es la única verdadera?
¿o nos sentimos amenazados?

lunes, 19 de abril de 2010

Los nuevos conquistadores

Ahora los que quieren conquistar no van vestidos con armaduras ni usan espadas y lanzas. Van acompañados de cámaras de televisión y viven supuestamente "perdidos en la tribu". Porque el objetivo es simplemente que les acepten como parte de la tribu, vivir como ellos,... pero con el objetivo de terminar con el codiciado título: soy de la tribu. Unas familias jugando a "vestirse de", haciendo como que viven como ellos, pero con la seguridad y certeza de que ellos no forman parte del grupo porque pasado el tiempo y acabado el concurso ellos van a volver a su vida "civilizada".
Ayer sentí vergüenza y rabia al ver el programa con esta trama en la televisión -la democracia familiar televisiva lo impuso- y sentir cómo los indígenas se sentían engañados, tristes, con un llanto que clamaba al cielo y una pregunta repetida en las tres tribus: "Si ya eres uno de nosotros, ¿por qué te marchas?".
Pobres, no saben que era un concurso, que el objetivo era el premio y que, una vez más, hemos demostrado nuestra capacidad de conquistar, esta vez con la sutil técnica de entrar a formar parte del grupo para luego dejarlo al descubierto.
Cosas de la tele. ¿La nueva conquistadora?

sábado, 3 de abril de 2010

Pederastas celestiales

No hay palabras que consuelen a quien ha sufrido el abuso por parte de alguien que se supone debía quererte, enseñarte y respetarte. No hay palabras que calmen el dolor de la incomprensión. No hay nada que sirva de alivio al sentimiento de estar roto por dentro cuando alguien te ha invadido en lo más personal. Las consecuencias resuenan a largo plazo y afectan casi a toda la vida. Es difícil de eliminar del todo.
Y no es cuestión de reconocer que existe y hay que hacer algo, señor papa católico, no es sólo cuestión de eso, sino de comprender el daño que se ha hecho. Que usted pida perdón está bien... que cada uno de los sacerdotes que han abusado de la inocencia pida perdón a sus víctimas, eso estaría mejor. Y, por supuesto, que atiendan su deuda con la justicia.
Porque nadie tiene derecho a abusar ni siquiera de la confianza. Y cuando uno de los sacerdotes o religiosos usa su influencia y poder para amedrentar y callar a sus víctimas, está abusando de confianza y de autoridad y hace sucumbir en el silencio la mayoría de sus devaneos. Ante ello, ahora más que nunca hay que escuchar a las víctimas, sus historias, sus miedos, sus angustias, sus dudas, su fe puesta en entredicho por el malhacer de unos malnacidos. Porque la confianza depositada merecía un respeto y no se ha respetado ni el cuerpo, ese cuerpo sagrado que somos, "templo del espíritu santo" (Pablo a los Corintios). Un templo profanado por manos y mentes sólo dignas de los latigazos de Jesús contra los mercaderes del templo, profanadores en otro sentido de lo sagrado.
No es momento de excusas, sino de limpieza; no entonen el "mea culpa", busquen a los culpables. Limpien la cesta de manzanas estropeadas. No nos sirven. Se las pueden quedar. Hagan con ellas lo que quieran.
Han perdido la oportunidad de demostrar al mundo que son valientes y coherentes. Que el dios del amor que predican sabe amar, no como esos infames a los que ustedes han protegido. Se les llena la boca de condenas... ¡pero nunca hacia los suyos! Esos que han abusado de su poder para invadir y callar la boca. Ningún niño ni niña va a decir nada contra el representante de dios todopoderoso. Dios nos libre de ello. Pero cuando el silencio se ha roto y alguien ha tenido la osadía de hablar... se han oído voces en todo el mundo y en cada país... esas voces que les piden acciones y no palabras. Su dios debe estar molesto, recuerden que es el mismo que destruyó Sodoma por algo parecido. Que no le gustan estas cosas. Que es un dios amor de otra manera, al menos eso quiero creer. No es de justicia que ustedes se hagan las víctimas de un movimiento internacional... recuerden que no son víctimas, sino verdugos. ¡Qué capacidad de trastocar la realidad!
El rastro que queda tras un episodio de abuso dura mucho tiempo. ¿Sabe usted, señor obispo de Roma, que la mayoría deja dormido en el recuerdo este suceso hasta que a edad madura lo puede afrontar? ¡Tanto duele! Y que se pueden ver las huellas del abuso en muchas de las acciones y decisiones posteriores. Miedo. Vergüenza. Asco. Pérdida de fe. Culpa (injusta, pero lacerante). Sensación de impotencia. Debilidad. Desconfianza hacia los demás. Falta de autoestima. Descontrol en la sensación de humana completud (algo se ha roto en los límites y queda en el aire la persona). Pero lo más hiriente es el silencio. Ojalá ahora se rompa; tienen ustedes la oportunidad de dar la palabra a los heridos.
Pero ustedes sigan con su parafernalia, con sus rezos y sus misas LP, con su huerto de manzanas con falta de podar.
Escuchen por lo menos a los que lo han padecido. ¿Ya ha tenido una reunión con las víctimas para escuchar sus problemas? ¿Saben ustedes cómo se sienten?
¿A qué esperan? Lo único que nos queda es nuestra voz.

La soledad del corredor de fondo

Nunca entendí muy bien eso de la soledad del corredor de fondo; mis aficiones deportivas no dan para tanto. Pero he de reconocer que ahora estoy viviendo algo parecido, en esta carrera hacia un sitio que no conozco y con el sentimiento invasivo de la soledad en cada poro y cada célula.
Supongo que es el tributo por haber decidido correr en solitario. Que los deportistas me perdonen si no es así.

martes, 16 de marzo de 2010

Duelo

No dejes ningún gigante vivo aunque te digan que son molinos de viento. No dejes ninguna lágrima sin verter aunque te digan que no pasa nada y que el tiempo todo lo cura. Llora. Rabia. Rebélate. Negocia con lo que ocurre para ver si sacas algo en claro. Acepta.

Porque cada llanto no llorado no se pierde ni deja por eso de existir. Y cada lamento no expresado a tiempo se transforma en un fantasma que más adelante puede resultar complicado vencer.

El dolor, duele. Las penas, se lloran.

Los duelos se tienen que vivir en el momento y es lo mejor que nos puede ocurrir. Porque dejar el duelo sin cerrar supone no haber completado la acción y queda pendiente para la siguiente ocasión similar o medio parecida. A veces no somos capaces de enfrentar la pérdida que supone el duelo en el momento. Nuestro cuerpo y mente -que de todo somos en un batiburrillo- rechazan el enfrentar la situación. Pero no por ello desaparece. Si necesitamos tomar carrerilla para enfrentarlo luego de una forma más adecuada, adelante; pero si nos negamos a aceptar que existe y que el dolor molesta lo único que conseguimos es aplazar el sufrimiento. Pero hasta en esto sacamos a veces ventaja.

Lo mejor ... lamentar lo que duele justo cuando molesta. Aceptar que las cosas no ocurren como deseamos o como imaginamos, sino que pasan a veces contra nuestra voluntad. Que no somos omnipotentes y a veces las cosas van mal. Y aceptar que el duelo es una etapa que debemos y queremos vivir para que no se atrofie ni estanque y nos permita vivir sin cuentas pendientes.

lunes, 25 de enero de 2010

APRENDER DE LOS ERRORES

Errare humanum est

El error es la otra cara de la moneda del acierto. No creo que podamos separarlos claramente, porque son dos componentes de la misma realidad. Sin errores no hay aciertos; sin acierto no existe el fracaso. La ciencia clásica ha evolucionado a través del método de acierto-error, estableciendo hipótesis que a veces se confirman y muchas otras no son factibles.

En nuestra vida funcionamos casi de la misma forma, con la salvedad de que contamos con nuestra capacidad intelectual para adelantarnos a las consecuencias de lo que pensamos hacer. Sin embargo, a veces las cosas no salen como esperamos y se produce un error, algo no es correcto, ha habido un fallo y las consecuencias son evidentes. Hemos de asumir que el error forma parte de la vida, que no entramos por ello en un caos, sino que hay que aceptarlo totalmente y convertirlo en algo positivo.

Muchas personas se sienten terriblemente mal cuando cometen un error. Se les viene el mundo abajo y no saben superar esta situación. Sin afán de profundizar demasiado, suele tener que ver con una imagen irreal de nosotros mismos en la que la perfección es nuestra supuesta cualidad estrella y, por supuesto, nadie perfecto puede cometer errores. A veces también tiene relación con un ambiente familiar en que el error se castiga de distintas formas.

Errar es propio del ser humano. Pero lo más grande que tiene este mismo ser humano es la capacidad de reponerse. El error es normal. Reconocerlo sin sentirse humillado y sin venirse abajo es la forma positiva de aceptarlo.

Vemos tres momentos en nuestra forma de aprender de los errores, tres pasos a seguir:

1. ACEPTA.- Aceptar que el error existe sin convertirlo en un drama; ya sabemos que nos equivocamos y que así, muchas veces, avanzamos; acepta que tu hijo se equivoque, porque tiene que aprender. Es importante que nos demos cuenta de que los errores nos hacen encontrarnos con nuestras limitaciones, las tuyas y las de tu hijo. Quien se cree tan perfecto que no puede cometer errores no los acepta. Quien no se ha enfrentado nunca a sus fallos, porque siempre ha tenido cerca a alguien que le eche un capote y los difumine, no puede aceptar sus errores, porque cuando le sobrevengan se sentirá desconcertado.

2. CONOCE.- Es otro aspecto fundamental, porque si no conocemos, poco podemos hacer. Para conocerlos hay que usar el análisis. Imagina que has cometido un error y tu amigo se ha enfadado. Hay que ver qué es lo que ha ocurrido, qué palabras o comentarios ha dicho tu hijo que han resultado perturbadoras,…. Saber es la forma de no repetir los errores.

En esta misma línea, suele ser efectivo llevar una especie de lista o diario de los errores que cometemos. No como forma de torturarnos de forma permanente, sino como elemento para un análisis posterior. Siempre tengo la posibilidad de revisar y de analizar, de ver qué ha ocurrido para evitarlo en otras ocasiones. Siempre hay denominadores comunes que nos hacen caer una y otra vez en la misma piedra. Para este análisis contamos tanto con lo que hemos hecho como con lo que hemos dejado de hacer, porque todo importa. Una vez confeccionada esta lista, es el momento de decidir qué podemos y queremos hacer para que no se vuelva a repetir.

También es útil preguntar a otras personas de confianza y ellos nos dirán los errores que solemos cometer.

3. ACTÚA.- El error provoca unas consecuencias sobre las que sí podemos actuar. Sobre el error mismo no podemos, porque ya pertenece al pasado; pero sí hay algo que hacer y lo conocemos como reparar. Si se trata de acciones, hemos de hacer algo que contrarreste lo que hemos hecho de forma incorrecta. Si hemos roto algo, por ejemplo, lo reponemos…. Hay que buscar una acción que compense las consecuencias que nuestra equivocación ha provocado. Es importante enseñar esto a nuestro hijo, porque si no el error queda en el pasado y como asignatura pendiente. Si hace algo que tiene unas consecuencias no deseadas debéis buscar algo que las minimice.

Cuando no se trata de acciones, sino que nuestro error ha afectado a un ser humano, tenemos a nuestro alcance la mejor forma de reparación: pedir perdón. Sobre ello ya hemos comentado en otros momentos. Por ahora basta con recordar que es la forma de que la otra persona sepa que lamentamos lo hecho.

Cuando no nos dejamos cometer errores y aprenda de ellos, estamos provocando un malestar que, en algunos casos, puede llevar a una neurosis perfeccionista invalidante, puesto que el perfeccionista no suele hacer nada por miedo a equivocarse y a que no sea la mejor opción. Para nosotros, cualquier opción no es buena, pero sí aprovechable.

sábado, 23 de enero de 2010

DESEAR SIN PERDERSE

DESEO

¡Ay si pudiera conseguir para mí deseas las cosas sin que el corazón se deshaga por alcanzarlas! Querer, pero sin perseguir. Desear sin obligaciones. Disfrutar el deseo por el deseo, la íntima sensación de inquietud del alma que espera… sin que lo esperado anule, con su fuerza, el regustillo de anhelar.

Querer alcanzar sabiendo que nuestra meta es desear (¡me hace sentir humano!) y que lo que alcancemos es siempre un regalo. No quiero hipotecar mi corazón a lo que no tengo. Quiero vivir cada conquista como un regalo y cada regalo como un obsequio. Porque, como un niño, espero y el esperar recarga mi anhelo.

Pondré a mi cuerpo entero para conseguir las cosas, pero, en lo más profundo, disfrutaré la sensación de estar incompleto que me invada cuando me sé deseoso.